Sün Evrard LAS ENCUADERNACIONES EN CUERO: ¿CONSERVAR, RESTAURAR, REPARAR, RECONSTITUIR O RE-ENCUADERNAR?
Envase y contenido, objetos inseparables, el libro y su encuadernación forman un conjunto. Si a veces una prestigiosa encuadernación confiere a esta entidad un gran valor, el protagonista principal será siempre el libro. Su encuadernación, la mayoría de las veces en cuero, está a su disposición, lo embellece y lo protege. Naturalmente disponibles en toda sociedad carnívora, muy utilizadas en todos los ámbitos de la vida del hombre, maleables pero resistentes, flexibles y duraderas, las pieles al tanino, al alumbre o los pergaminos siguen siendo la materia de cobertura privilegiada de las encuadernaciones. El cuero de las encuadernaciones sin embargo poco a poco se daña, inexorablemente, por la utilización normal del libro. Las manipulaciones corrientes (tomar, abrir, mantener el libro encuadernado abierto durante la lectura) y el hecho mismo de estar al aire y a la luz, lo patinarán inicialmente, luego lo gastarán en los lugares más expuestos: en las cofias, en las esquinas y en los pliegues. La manera de hacer encuadernaciones y los cuidados apropiados pueden considerablemente prolongar su existencia, pero la decisión y la ejecución de una intervención plantean problemas éticos y técnicos complejos. Tengo la suerte de tener muchos amigos en los distintos ámbitos de la conservación-restauración, tanto en Francia como en el extranjero. Los escucho desde siempre, les hice numerosas preguntas, observé su trabajo y mucho aprendí de ellos sobre las teorías, sobre las técnicas y sobre los materiales. Es una actitud poco común en Francia, donde el mundo de la encuadernación contemporánea está casi separado del de la restauración-conservación; muy pocos encuadernadores de arte, entiendo por ello los que crean encuadernaciones únicas para los bibliófilos sobre libros preciosos recientemente editados, se han interesado por estos problemas. Mis amigos del mundo del libro antiguo siempre han seguido mi trabajo con reconocimiento ya que función y estética están íntimamente vinculadas. Algunos pedidos recientes para encuadernaciones modernas sobre libros antiguos me han obligado a reflexionar más a fondo en lo que se podría o debería hacer con tales objetos, en el problema del “cómo y porqué” de la conservación/restauración/reparación y el de la reconstitución/re-encuadernación. Les someto algunas ideas relativas a este complejo ámbito comenzando por el análisis del vocabulario que encuentro a menudo impreciso. La conservación de los libros encuadernados, me parece que designa las acciones que los mantienen en un medio ambiente favorable. Locales bien apropiados, condiciones atmosféricas y manipulación correctas, protección contra el fuego y el agua, mantenimiento preventivo periódico, prolongan considerablemente la vida de los libros. Sin conservación todo trabajo de volver a poner en condiciones es inútil, pues está condenado a la degradación. La palabra prevención se utiliza también en este sentido. Con las primeras señales de degradación el restaurador puede intervenir. Conociendo materiales y técnicas puede devolver su flexibilidad a un cuero desecado para prevenir la ruptura, volver a pegar un fragmento de la piel antes de que se suelte, reparar una rasgadura, volver a atar un hilo suelto, limpiar y desinfectar algunos componentes de la encuadernación. Es este trabajo que vuelve a dar vida a una encuadernación antigua, esto es la restauración. Podríamos decir reparación, si esta palabra no hubiera tomado una connotación peyorativa. La diferencia entre estos dos términos, la situamos a menudo en el objeto de la intervención: decimos restaurar un libro precioso y reparar un libro ordinario. Sin embargo una reparación hecha con competencia y atención puede perfectamente llamarse… restauración. Hasta podríamos decir, que lo que hace la diferencia entre reparación y restauración no es el tipo de trabajo que debe efectuarse sino la sensibilidad y la inteligencia de la persona que decide y las capacidades técnicas del ejecutante de la intervención elegida. En ausencia de medidas de conservación y trabajos de restauración, el cuero, la cubierta protectora de la estructura de la encuadernación, se deteriora cada vez más, la unión de las tapas y la costura del volumen se encuentran expuestas, se gastan y se sueltan. La encuadernación no ejerce ya su función de protección y el libro corre el riesgo dañarse. En esta fase de la degradación, toda tentativa de reparación de la encuadernación será inevitablemente una reconstitución o una re-encuadernación, y no una restauración. Que se lo llame por un nombre o por otro, toda intervención sobre un objeto antiguo es una alteración que puede considerarse como un ataque a la autenticidad del objeto. En lo que se refiere a las encuadernaciones muy antiguas, milagrosamente llegadas hasta nosotros, solamente una pieza intacta proporcionará información al arqueólogo de la encuadernación, y a pesar del hecho de que en el mercado del libro antiguo una reparación hábil, oculta, invisible para el no iniciado, pueda devolver al objeto un determinado valor de mercado, el objetivo último de todo coleccionista privado o público es poseer el ejemplar en su encuadernación de época, eximido de toda intervención. Es necesario pues conservar estos libros antiguos encuadernados tal cual, aún si están muy dañados, protegerlos de las molestias exteriores con cajas adecuadas y por supuesto limitar su utilización. Así la solución sabia para los libros antiguos de un gran interés histórico parece ser la no intervención. Para todos los demás libros esta solución no es obviamente aplicable y para que puedan ellos utilizarse de nuevo sin peligro, es necesario entregar el documento en condiciones, y luego protegerlo con una encuadernación. ¿Pero qué nueva encuadernación se debe dar a este libro antiguo? ¿Cuáles son las elecciones posibles? La mayoría de nuestros antecesores no se planteaban demasiadas cuestiones. Reparaban los objetos para poder seguir utilizándolos. Re-encuadernaban los libros con nuevos materiales, nuevas técnicas. Esta actitud parece perdurar en otros ámbitos, como la arquitectura. Se puede intervenir sobre un edificio antiguo, añadir una nueva construcción, aportar las mejoras técnicas de nuestra época que facilitan la utilización. En el ámbito del libro es muy diferente; gastamos a menudo fortunas para rehacer en forma idéntica las estructuras antiguas caídas en desuso y mal adaptadas a su utilización actual. Si esta reconstitución se hace muy bien nosotros no estamos muy lejos de un trabajo de falsificador, y las generaciones futuras tendrán mucho trabajo para distinguir las verdaderas encuadernaciones antiguas de las falsas, ya que el supuesto expediente que describe toda intervención no acompañará obligatoriamente la obra. Si hacer una falsificación no es el objetivo perseguido, la reconstitución de las encuadernaciones históricas sólo es concebible como modelo para la formación de los restauradores o para la información del público en general. Rehacer una encuadernación a la antigua, pero aportando mejoras técnicas y relacionando la decoración exterior al período de publicación del libro es otra posibilidad. Pero en ese caso, a la confusión de las denominaciones se añade la confusión de las técnicas, intentando al mismo tiempo dar al libro una encuadernación - falsamente - de época. Y sin embargo todos sabemos que una imitación seguirá siempre siendo una imitación, hasta que la ayuda del tiempo y la ignorancia haga que se la tome por un objeto antiguo auténtico. Para prevenir eso todo objeto debería reflejar su época de creación de una manera inmediatamente perceptible por todos. La encuadernación siendo un ámbito desconocido por el público en general, nos obliga a estar aún más atentos y evitar a cualquier precio la confusión de los estilos. Para re-encuadernar un libro existe hoy otra solución: la encuadernación de conservación. Este nuevo concepto apareció hace una veintena de años gracias a las investigaciones emprendidas en numerosos países después de la inundación de la biblioteca de Florencia. Para una encuadernación de conservación, la elección de los materiales y técnicas es dictada por las características físicas del documento y por el uso al cual se destina; las elecciones estéticas pueden destacar la importancia y la rareza del libro, el interés que le da su propietario pero sin tomar prestado servilmente elementos decorativos de otra época. La encuadernación de conservación, como no está vinculada por el peso de la historia ni en la elección de sus materiales ni en su construcción, combina libremente las técnicas modernas y antiguas, y aplica al servicio de la protección del documento conocimientos recientemente adquiridos en el ámbito de la química de los materiales. Si aceptamos la idea de que la gran mayoría de las encuadernaciones que no cumplen más sus funciones sean sustituidas por una encuadernación de conservación, la palabra restauración podría por fin significar la puesta en condiciones de las encuadernaciones poco dañadas, y no la reconstitución con grandes gastos de falsas encuadernaciones históricas. Quien dice nueva encuadernación dice nueva piel, y si los antiguos cueros se deterioran con el tiempo, ¿qué decir de las pieles que se compran ahora? Las presiones económicas de nuestro mundo moderno no escaparon a la industria del cuero. Las pieles de cabra, terneros y ovejas reflejan los cambios de sus condiciones de vida y su comida; el curtido se hace de manera diferente. La duración de vida de estas pieles será probablemente menor y el riesgo de rápida degradación del nuevo cuero puede poner en peligro el importante trabajo invertido en una nueva encuadernación. Las pieles preparadas al alumbre resisten aparentemente mejor al desgaste y a la contaminación atmosférica de nuestras ciudades que las pieles al tanino. Muy utilizadas en encuadernación a la Edad Media, estas pieles curtidas en blanco han sido luego progresivamente sustituidas por el cuero curtido al vegetal, más maleable, más adaptado a las nuevas técnicas de la época. Parece que las pieles curtidas al alumbre se adaptan muy bien a la encuadernación actual que es sin nervios, y que utiliza poco la técnica de dorado “con los pequeños hierros”. Para ilustrar su utilización en la encuadernación contemporánea, elegí mostrarles dos de mis encuadernaciones realizadas sobre libros antiguos. Mi primer ejemplo (1) es un manuscrito sobre pergamino del siglo XV que se me confió para una operación de rescate ya que una reciente encuadernación probablemente lo había dañado más que el desgaste del tiempo. Hice restaurar las hojas de pergamino, cuyos pliegues de fondo se sustituyeron por bandas de papel. La cobertura que utilicé es un montaje de pedazos de piel de cerdo al alumbre, adornado de pequeñas cúpulas de oro fino, fabricadas para la ocasión por un joyero. En la tapa reversa (2) está atado un plano de cierre que completa las líneas de la tapa anverso. En esta encuadernación se encuentran los mismos puntos de desgaste que en la mayoría de las encuadernaciones occidentales del siglo XV al siglo XX, pero la piel de cobertura se gastará menos rápido que una piel curtida al vegetal. El segundo ejemplo es un cuaderno escolar ilustrado de dibujos y acuarelas, fechado a principios del siglo XVI, que pertenece a la Biblioteca Histórica de la Ville de París que me lo confió para remplazar una anterior encuadernación, llamada en “pergamino flexible”, denominación a menudo utilizada como sinónimo de encuadernación de conservación. Al desmontar la obra, me di cuenta hasta qué punto las palabras podían inducir a error: esta encuadernación no podía aspirar a la denominación “encuadernación de conservación " porque el lomo del libro había sido encolado con una cola irreversible, los cuadernos que no habían tenido pliegues antes, habían sufrido un redondeado forzado al martillo (cajo) (3) arruinando los fondos de cuadernillos, y el lomo estaba tan rígido que las tapas se abrían sólo a 45 grados (4) y se cerraban tan pronto como se las soltaba. Utilicé la piel de cerdo al alumbre (blanca en origen que pinté al aerógrafo y mosaïcada, para la cubierta flexible que permite al libro abrirse a plano y quedarse abierto durante la lectura (5). El cartón reverso de la cubierta está fijo sobre el fondo de la caja, que abriéndose, se transforma en atril. Esta encuadernación es sin cola y no tiene más los puntos de desgaste de las encuadernaciones tradicionales. Al llevar este razonamiento más lejos, se podría decir que a partir del momento donde se utilizan estructuras de encuadernaciones modulares, fácilmente reparables o incluso fácilmente reemplazables no hay inconveniente en utilizar pieles destinadas generalmente a otros usos (prendas de vestir, equipajes, calzados, mobiliario), accesibles a todos. Una encuadernación de conservación sólo debería emplear materiales no teñidos en una estructura perfecta. ¿Pero es posible? Por mi parte, elegí un compromiso entre la encuadernación de creación cuyas elecciones son puramente decorativas y la encuadernación de conservación pura. Me considero libre en lo que se refiere a estética de la encuadernación, pero en contacto con el documento encuadernado solo empleo materiales neutros, y utilizo distintos tipos de encuadernaciones, adaptadas a cada caso. Así algunos ejemplos presentados sobre las fotografías (6 - 7 - 8 - 9) dan a los libros encuadernados no solamente un hábito especialmente concebido que los valoriza, pero una protección eficaz que permite la apertura completa. Mis encuadernaciones envejecerán al igual que todas las cosas, bien o mal, según la forma con que se las cuide y según la vida útil de los materiales empleados. (1) Libro de Horas, siglo XV (2)Tapas en piel de cerdo al alumbre (3) Cuaderno escolar, siglo XVI (4) Cuaderno escolar, encuadernación antigua (5) Cuaderno escolar, nueva encuadernación en piel de cerdo al alumbre reteñida (6) Encuadernación de tapas agregadas en piel de canguro (7) Encuadernación con cajo abierto en pergamino y piel de cabra; costura de cuadernos sobre nervios planos (8) Encuadernación de estructura cruzada en piel de cabra. (9) Encuadernación del Extremo-Oriente en piel de búfalo teñida, patinada y encerada.
Artículo publicado en francés en la revista CoRé, Nº 4, abril 1998